Cada verano, los incendios forestales vuelven a ocupar titulares en España. Hablamos de hectáreas quemadas, medios de extinción, evacuaciones y daños ambientales. Pero una parte importante de la lucha contra el fuego empieza mucho antes de que aparezca la primera llama.
Empieza durante el invierno y la primavera. En el monte. Con la gestión de la vegetación, con la ganadería extensiva y, especialmente, con una figura que durante siglos ha formado parte de nuestros paisajes: el pastor.
El pastoreo tradicional no solo permite alimentar al ganado aprovechando los recursos naturales del territorio. Bien gestionado, también contribuye a reducir la vegetación que puede convertirse en combustible, mantener espacios abiertos y crear paisajes más diversos y menos continuos.
¿Qué relación existe entre el pastoreo y los incendios forestales?
Para entenderla hay que hablar primero de combustible.
Un incendio necesita vegetación capaz de arder para propagarse. Hierba seca, matorral, ramas y otros materiales vegetales forman parte de ese combustible.
Cuando determinadas zonas dejan de cultivarse, aprovecharse o pastorearse, la vegetación puede acumularse y aumentar su continuidad. El problema no es simplemente que haya vegetación, sino cómo está distribuida, qué cantidad existe y si permite que el fuego avance de forma continua por el territorio.
Aquí entra en juego el ganado.
Al pastar, los animales consumen hierba, brotes y parte del matorral. También pisan vegetación y mantienen determinadas zonas abiertas. Un manejo adecuado puede ayudar así a disminuir la cantidad y continuidad del combustible vegetal.
El propio Ministerio para la Transición Ecológica recoge el pastoreo controlado en áreas cortafuegos como una herramienta de gestión que, utilizada de forma prudente, puede contribuir al control del matorral y a la prevención de incendios forestales.
El pastoreo tradicional: mucho más que alimentar al ganado
El pastoreo ha formado parte del paisaje español durante siglos.
Rebaños de ovejas, cabras y vacas han aprovechado pastizales, rastrojeras, montes, dehesas y zonas de matorral siguiendo el crecimiento de la vegetación y las estaciones.
La trashumancia es probablemente su expresión más conocida, pero no es la única. También existen movimientos ganaderos más cortos, aprovechamientos de rastrojos después de las cosechas, sistemas silvopastorales, pastoreo en dehesas y desplazamientos diarios desde las explotaciones hacia los terrenos cercanos.
Detrás de todo ello existe algo difícil de sustituir: el conocimiento del pastor.
El pastor conoce qué zonas aprovecha mejor su ganado, dónde hay agua, cuándo comienza a secarse el pasto, cómo cambia el monte a lo largo del año y por dónde puede desplazarse el rebaño.
Ese conocimiento acumulado durante generaciones también es gestión del territorio.
¿Cómo ayuda exactamente el ganado a prevenir incendios?
El principio es sencillo: parte de la vegetación que consume un animal deja de estar disponible como combustible para un posible incendio.
Pero no todos los animales actúan igual.
Las ovejas aprovechan especialmente la vegetación herbácea y baja. Las cabras tienen una mayor capacidad para ramonear brotes, hojas y determinados arbustos. Las vacas y los caballos pueden consumir grandes cantidades de pasto en superficies amplias.
Del pastoreo tradicional al pastoreo preventivo
En los últimos años se está desarrollando cada vez más el denominado pastoreo dirigido, controlado o preventivo.
La idea aprovecha una actividad ganadera tradicional y la incorpora de forma planificada a las estrategias de prevención de incendios.
Los animales son conducidos hacia lugares concretos donde interesa reducir o mantener bajo el combustible vegetal: cortafuegos, bordes de pistas forestales, zonas próximas a poblaciones, áreas previamente desbrozadas o determinados puntos estratégicos.
El pastor tiene aquí un papel fundamental.
Es quien conduce el rebaño para conseguir que los animales trabajen precisamente sobre las zonas que necesitan mantenimiento.
¿Qué ha cambiado en nuestros montes?
Durante décadas, muchas zonas rurales españolas han experimentado cambios profundos.
Ha disminuido la población en numerosos municipios, algunas actividades agrícolas y ganaderas tradicionales han desaparecido y determinadas tierras antes aprovechadas han quedado sin uso.
La consecuencia en algunos territorios ha sido el avance del matorral y del arbolado sobre antiguas zonas agrícolas o ganaderas y una mayor continuidad de la vegetación.
Esto no significa que un monte con mucha vegetación vaya necesariamente a arder ni que todos los incendios sean consecuencia del abandono rural. Las causas de un incendio y los factores que determinan su propagación son mucho más complejos.
Pero sí significa que la estructura del paisaje importa cuando aparece el fuego.
Un territorio formado por pastizales, cultivos, dehesas, montes gestionados y diferentes usos puede generar discontinuidades. Cuando desaparecen progresivamente esos usos, el paisaje puede hacerse más uniforme.
Ahí la actividad agroganadera vuelve a adquirir una importancia que va mucho más allá de producir alimentos.
Los incendios de Ávila y Madrid en 2026 vuelven a poner el foco en la prevención
Los incendios forestales registrados este verano de 2026 en el centro de España han vuelto a demostrar hasta dónde puede llegar el fuego cuando coinciden diferentes factores de riesgo.
Hay una diferencia fundamental cuando hablamos de prevención de incendios: una cosa es evitar que se produzca una ignición y otra conseguir que el territorio esté mejor preparado cuando el fuego aparece.
Y es precisamente en esta segunda parte donde la gestión de la vegetación, la ganadería extensiva y el pastoreo pueden desempeñar un papel importante.
El pastoreo no puede evitar todos los incendios, pero sí puede ayudar a reducir su propagación
Sería incorrecto afirmar que un rebaño puede impedir que se origine un incendio.
Un incendio puede comenzar por causas muy distintas y, cuando coinciden altas temperaturas, baja humedad, viento y abundante combustible disponible, puede alcanzar una intensidad extraordinaria.
Pero eso no significa que la gestión previa del territorio no importe.
Una gestión adecuada de la vegetación puede reducir la cantidad de combustible disponible, generar discontinuidades en el paisaje y facilitar el trabajo de los equipos de extinción.
El ganado consume hierba, pastos y, dependiendo de la especie, también parte de la vegetación arbustiva. Cuando ese aprovechamiento se realiza de manera planificada, puede contribuir a mantener una menor carga de combustible en determinados puntos del territorio.
Esto resulta especialmente interesante en cortafuegos, pistas forestales, caminos, zonas previamente desbrozadas y otras áreas estratégicas donde mantener controlada la vegetación puede dificultar la propagación del fuego y crear espacios desde los que los profesionales puedan trabajar con mayor seguridad.
Se trata de conseguir que, cuando el fuego aparezca, encuentre un territorio mejor gestionado y con menos continuidad de combustible en determinados puntos estratégicos.
No existe una única medida capaz de eliminar el riesgo de incendio forestal.
El pastoreo es una herramienta más dentro de una estrategia que necesita combinar gestión forestal, mantenimiento de cortafuegos, desbroces, vigilancia, prevención de igniciones, agricultura y ganadería, planificación territorial y medios de extinción.
Su valor está en sumar. Y en hacerlo durante todo el año, mucho antes de que llegue el verano.
Los beneficios del pastoreo van mucho más allá de los incendios
Poner en valor esta actividad únicamente porque «limpia el monte» sería quedarse con una parte muy pequeña de todo lo que aporta.
Un pastoreo correctamente gestionado puede contribuir a:
Mantener pastizales, dehesas y paisajes abiertos.
Aprovechar recursos vegetales directamente sobre el territorio.
Favorecer paisajes diversos y en mosaico.
Mantener actividad económica y empleo en el medio rural.
Conservar conocimientos tradicionales relacionados con el manejo del ganado y el territorio.
Mantener vivas explotaciones extensivas y razas adaptadas a cada zona.
Contribuir al mantenimiento de caminos, zonas de paso y vías pecuarias.
Prestar un servicio ambiental relacionado con la gestión de la vegetación y la prevención de incendios.
El pastor también protege el territorio
Cuando vemos pasar un rebaño por el monte vemos ovejas, cabras o vacas. Pero detrás existe una persona tomando decisiones continuamente.
El pastor conoce sus animales, pero también aprende a interpretar el territorio: sabe dónde hay alimento disponible, cómo cambia el pasto con las estaciones, qué zonas pueden aprovecharse y cuáles necesitan descanso.
Ese conocimiento es precisamente lo que permite transformar el consumo de vegetación por parte de los animales en una gestión dirigida del territorio.
Por eso, cuando hablamos del papel de la ganadería extensiva frente a los incendios, poner únicamente el foco en las ovejas, las cabras o las vacas deja fuera una parte fundamental de la ecuación.
Hay que hablar también de las personas.
De los pastores y ganaderos que conocen los caminos, los pastos y el comportamiento de sus animales. De quienes mantienen explotaciones extensivas y continúan aprovechando recursos que, de otra manera, pueden dejar de utilizarse.
Por eso, proteger la ganadería extensiva no debería entenderse únicamente como una cuestión de producción ganadera.
También supone mantener personas trabajando sobre el territorio, conocimiento acumulado durante generaciones y una actividad capaz de formar parte de la prevención de incendios durante todo el año.
En un momento en el que buscamos montes y paisajes mejor preparados frente al fuego, reconocer el trabajo de los pastores significa reconocer que la prevención también empieza ahí: en quienes siguen recorriendo, aprovechando y cuidando el territorio cada día.
¿Cómo ayuda el pastoreo a prevenir incendios forestales?
El pastoreo puede ayudar a prevenir la propagación de incendios forestales porque el ganado consume parte de la vegetación herbácea y arbustiva que puede actuar como combustible. Bien gestionado, permite mantener áreas de menor carga vegetal, favorecer paisajes en mosaico y conservar cortafuegos y otras zonas estratégicas.
Preguntas frecuentes sobre pastoreo y prevención de incendios
¿Cómo ayuda el pastoreo a prevenir los incendios forestales?
El pastoreo puede contribuir a reducir parte de la vegetación herbácea y arbustiva que puede convertirse en combustible.
Cuando se realiza de forma planificada en determinadas zonas, ayuda a mantener una menor carga vegetal y a crear discontinuidades que pueden dificultar la propagación del fuego o facilitar el trabajo de los equipos de extinción.
¿El pastoreo puede evitar que se produzca un incendio?
El pastoreo no evita una ignición provocada por un rayo, un accidente, una negligencia, maquinaria o cualquier otra causa.
Su función preventiva se encuentra principalmente en la gestión del combustible vegetal. Es decir, puede contribuir a que determinadas zonas tengan menos vegetación disponible para arder y a crear espacios estratégicos con mejores condiciones para afrontar la propagación del fuego.
¿Qué es el pastoreo preventivo?
El pastoreo preventivo es una forma de pastoreo planificado en la que se utilizan rebaños para controlar el crecimiento de la vegetación en zonas previamente seleccionadas.
Se determinan las áreas que interesa mantener, la carga ganadera adecuada y el tiempo que los animales deben permanecer en ellas.
Puede emplearse en áreas cortafuegos, zonas abiertas, pistas y otros espacios considerados estratégicos para la prevención de incendios.
¿Qué papel tiene el pastor en el pastoreo preventivo?
Un papel fundamental.
El ganado consume la vegetación, pero es el pastor o ganadero quien gestiona el rebaño y permite dirigir ese aprovechamiento hacia las zonas donde interesa actuar.
¿Son mejores las cabras o las ovejas para prevenir incendios?
No existe una única especie adecuada para todas las situaciones.
Ovejas, cabras, vacas y caballos pueden utilizarse en programas de pastoreo preventivo, pero su forma de alimentarse y las características del terreno determinan dónde puede resultar más apropiado cada tipo de ganado.
Las ovejas aprovechan especialmente la vegetación herbácea, mientras que las cabras tienen una mayor capacidad para ramonear vegetación arbustiva. Por eso la elección debe realizarse en función de los objetivos de gestión y de las características de cada zona.
Conclusión: cuidar a quienes cuidan el territorio
La lucha contra los incendios no comienza cuando vemos una columna de humo.
Empieza muchos meses antes.
Empieza gestionando el monte, manteniendo explotaciones ganaderas, aprovechando pastos y rastrojos, conservando paisajes diversos y evitando que desaparezcan actividades que durante generaciones han contribuido a modelar nuestro territorio.
Los pastores forman parte de esa prevención.
Su trabajo produce alimentos, mantiene actividad en los pueblos y conserva un conocimiento del territorio construido durante generaciones. Y hoy sabemos, además, que ese mismo trabajo puede formar parte de las estrategias para hacer nuestros paisajes más resistentes frente a los incendios.
Poner en valor el pastoreo y la ganadería extensiva es también poner en valor una forma sostenible de cuidar el territorio.
Y reconocer a quienes llevan haciéndolo toda la vida.